Técnica: acuarela y gouache

Agua sobre papel. Los pigmentos empleados son molidos finísimos en agua y goma arábiga. Es una técnica que se basa en aplicar veladuras transparentes. Sus pigmentos son opacos, y el efecto conseguido es de tonos brillantes. Como en todo, si se hace correctamente, respetando leyes naturales, la acuarela puede diluirse hasta donde se quiera. Se trata además de una técnica estable, donde el diluyente, el agua, seca por simple evaporación. No hay química durante dicho proceso.

Técnica: el temple

Básicamente se trata pinturas solubles en agua que al secar se vuelven insolubles. Lo translúcido es esencial en la técnica, tanto que está pensada para una obra pictórica donde predomine el dibujo, para que así, junto con los efectos de luminosidad y brillantez, parezca una pintura, digamos, tridemensional. ¿Cómo hacer? Primero se debe realizar un dibujo (detallado) en papel, luego éste se transfiere o calca sobre un panel tratado con el gesso (pulido) y por último se aplican las capas de color.

Técnica: el fresco

Los tratados de pintura del siglo XV son la base, el manual de estudio, de toda persona interesada en la materia. De éstos también procede la terminología que emplea el resto de manuales desde entonces. Lo primero que se debe apuntar es que el Fresco es sinónimo de pintura mural. Pero no de cualquier pintura que cubra un muro. El fresco se realiza con pigmentos disueltos en agua sobre una capa de argamasa fresca. Es una técnica conocida desde antiguo, y todos los grandes maestros la han estudiado. Lo han hecho porque el fresco es resistente, porque penetra en el alma del muro. El fresco no es una capa sin más, envejece bien ante cambios de temperatura o de luz, aunque eso sí,  su mayor enemigo es la humedad.

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